Las 4 fases

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“El ciclo menstrual puede ser una maravillosa fuerza positiva en nuestra vida como mujeres”

(Miranda Gray, autora de “Luna Roja”)

Texto: Sophia Style

¿Te suena rara esta frase? Durante mi adolescencia hasta los veinticinco años me hubiera sonado como una broma de mal gusto: en esta época pasaba dos días en la cama con dolores de regla agudos, después de una semana de altos y bajos emocionales y con el cuerpo hinchado e incomodo. Al dejar de tomar la píldora anti-conceptiva – es lo que mi doctora me recetó para mis reglas dolorosas, emprendí un largo y fascinante recorrido para entender las raíces de mis malestares.

Una de las herramientas más importantes que encontré fue la práctica de observar los cambios físicos, emocionales y mentales que experimentaba cada mes, con una mirada respetuosa.  Después de casi un año de anotar mis experiencias, me di cuenta que en realidad, vivían en mi cuatro mujeres diferentes! Cada una, según la fase del ciclo, tiene distintas necesidades y habilidades: al reconocer esto, nació algo nuevo en mí como mujer. En vez de pretender seguir siempre con el mismo ritmo, descubrí que al vivir más en sintonía con mi ciclo y con estas cuatro fases, mis síntomas premenstruales y menstruales casi desaparecieron, y me sentía cada vez más feliz, más efectiva y sobre todo, reconciliada con mi feminidad.

Imagen: Julia Larotonda

Quizás una de las maneras más fáciles de entender las cuatro fases del ciclo menstrual está en su gran proximidad con las cuatro estaciones. La semana después de tener la regla coincide con la primavera, con la renovación, con un aumento en nuestra energía física y en nuestras capacidades analíticas, de concentración y de planificación. Durante esta fase, nombrada la fase dinámica por Miranda Gray en su último libro “The Optimized Woman”, es el mejor momento de nuestro ciclo para empezar proyectos nuevos, para tomar acción, trabajar sola y lograr resultados.

La semana siguiente, coincidiendo con la ovulación, corresponde con el verano y es nuestra fase expresiva, sociable, empática y radiante. Podemos aprovechar esta fase de nuestro ciclo para resolver conflictos, quedar con amigos o familia (o una cena romántica!), y presentar nuestros proyectos o ideas a los demás.

Luego empieza la notoria fase premenstrual, quizás con la que más nos tenemos que reconciliar. Esta encaja con el otoño, cuando empieza a bajar nuestra energía física y notamos la necesidad de ir para dentro, de limpiar y soltar lo que no nos beneficia, tal como caen las hojas de los árboles. El gran reto de esta fase es canalizar nuestras altas capacidades criticas hacia cosas concretas para resolver problemas, pero no hacía nosotras o los demás. De una fase que puede ser muy destructiva, la podemos reconducir hacia una fase creativa y liberadora, de conexión con nuestro inconsciente e intuición.

Generalmente nuestro ritmo y energía van bajando hasta que llegamos al invierno, con la menstruación, una fase para ir a lo esencial, priorizar, y en cuanto podemos, tomar más tiempo para descansar y simplemente estar. Esta es la fase reflexiva, el final de un ciclo, un momento para parar, evaluar y conectar con lo que realmente es importante para nosotras.

En cuanto más conozcamos y respetemos nuestra naturaleza cíclica, aunque sea solo con pequeños pasos o actos, más recuperaremos dentro de nosotras una fuente de poder y autoestima que ira creciendo con cada ciclo.

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